Guía de campo para el Antropoceno fragmentado: la nueva naturaleza
de Anna Lowenhaupt Tsing, Jennifer Deger, Alder Keleman Saxena y Feifei Zhou
A inicios de los años ochenta, una invasión de escarabajos rojos proveniente de Estados Unidos tuvo en jaque a China. Polizones en barcos madereros industriales llegaron a tierras orientales y desde las raíces atacaron a los pinos, asociándose con un hongo local que oficiaba de ingrediente clave. Unos diez millones de árboles murieron por esa yunta. “Holobionte” es la palabra que nombra a esa letal sociedad. La historia es contada por Anna L. Tsing y su equipo en Guía de campo para el Antropoceno fragmentado, publicado en 2024 por la Universidad de Stanford. Tal efecto dominó permite a los investigadores desarrollar los puntos clave de su máquina de pensamiento. “De cara al futuro, parece probable que el potente hongo de Shanxi cubra a los escarabajos que regresan, de nuevo en madera industrial, a Norteamérica”, advierten, poniendo el foco en esa cinta de moebius.
“El hecho de que el Antropoceno sea planetario no significa que sea solo eso. Incluso los modelos planetarios más dedicados son sumas y proyecciones de fenómenos locales”, se lee. En esa línea, invitan a entender los pliegues, los parches, como deciden llamar a la fragmentación. Si la teoría de la bolsa de plástico de la ficción de Ursula Le Guin invitaba a parir nuevas miradas, Tsing y los suyos levantan el guante para romper las ideas aquerenciadas de la ciencia occidental incorporando saberes “herejes”.
una bolsa entre muchas otras
Son cuatro partes: Parches (para pensar en fragmentación), Rupturas (porque es urgente entender cómo ocurrieron los quiebres), Historias (para dimensionar la fuerza de lo no humano) y Espistemias (para explorar nuevas formas de contarnos el mundo). Cuando las narrativas ambientales suenan monocordes: victimización, pachamización vacua, linealidad, este libro devuelve la agencia de lo salvaje para entender una transformación que es mestiza: humana y no humana. Las consecuencias son casi siempre inesperadas.
La experiencia virtual y multidisciplinaria del Atlas Feral permite entender los marcos amplios que propone este viaje, donde lo feral, lo salvaje, es el motor. Las fuerzas geológicas humanas adquieren así el peso de una bola de nieve que tiene autor pero no destino certero. En ese sendero, las marcas del recorrido son la descolonización, la unión naturaleza/cultura, la apuesta por conocimientos varios: “No pretendemos segregar lo natural de lo cultural; exploramos cómo se crean los ‘parches’ del Antropoceno al permitir que la injusticia social dé forma a la catástrofe ambiental”, sostienen y aclaran: “Esto no significa que abandonemos la visión global; al contrario, buscamos constantemente efectos estructurales y fuera de escala. Pero vemos que estos se producen a través de la dinámica de los fragmentos, más que como efectos preformados de algoritmos planetarios”.
Aporte fresco, que nace de la curiosidad chispeante de esta investigadora, el libro quizá carece de una mirada que incluya con igual atención el estudio de los actores económicos, la localización, la caracterización clara, también a veces fragmentada. Aunque probablemente no sea tarea de estos científicos hacerlo, sino despertar, más bien, el interés para que otras experiencias nazcan.

el hada de los hongos
En Argentina, el nombre de Anna L. Tsing se hizo conocido a partir de Los hongos del fin del mundo (Caja Negra, 2023). Allí, al igual que, por ejemplo, Stefano Mancuso en La nación de las plantas, la mirada del mundo no humano devuelve posibilidades para pensar los entuertos de los hombres y sus organizaciones políticas. Por entonces, lo hacía a partir del estudio de los hongos matsutakes. Ahora, da un paso más allá, se multiplica, se expande, y abre puertas para que otros atraviesen, abrazando contradicciones e invitando, una vez más, a romper con las convenciones de la ciencia, no para ir en su contra sino para enriquecerla. El mestizaje, el cruce, es parte constitutiva de nuestra historia, recordarlo es quizá un camino para hacer pie en un mundo donde la flecha se desvió.
bonus track
Dos veces aparece Argentina en el libro. El primer caso es sobre una especie de hormigas que viajaron a California y les prepotean el espacio a las locales. El segundo es sobre caracoles de las frutas, llevados a Asia con la idea de instarlos como comida proteica. Una vez allá, los bichos no gustaron y se desparramaron complicando los cultivos. Los cruces pueden ser más o menos inofensivos. Los pinos exóticos que estuvieron en el centro de la escena en los últimos fuegos de la Patagonia dan cuenta de ello. Como sea, en los detalles de los encadenamientos también está la historia y es un hueso que conviene descifrar.





