#26
el gran hermano mandarín
Alejandro Galliano escribe sobre la historia de la televisión central china.
ideología y corrupción
Beatriz Sarlo es una interlocutora de lujo, por su método incisivo y sofisticado. En esta conversación cataloga la corrupción kirchnerista como una variante menor de la plutocracia rusa, se muestra escéptica sobre un eventual mani pulite, le saca la ficha al patrimonialismo macrista, hace autocrítica, patea la mesa cuando cuestionamos al socialismo santafesino, y persevera en el republicano sueño de una democracia donde no ganen siempre los multimillonarios.
carne trémula y pixelada
Las aplicaciones para coger sin los prolegómenos del amor cortés cambiaron el levante urbano. En la época en la que todo el tiempo es productivo y todo lo que hacemos es información, un rato de sexo parece estar al alcance de un despreocupado click. ¿Podemos celebrar el fin de la conquista y el inicio de la disponibilidad? Sin anestesia.
el emperador bonista
De chico atrapaba palomas, de joven trabajaba en una compañía de seguros. De grande y gracias a su fina interpretación del stop and go, se cansó de ser una chequera y se transformó en el utopista que soñó Nordelta, el coleccionista que creó el Malba, el constructor que desembarcó en Miami, mientras su imperio se extiende con un nuevo megaproyecto en Escobar. Eduardo Costantini repasa sus métodos para lucrar con el empate hegemónico, cuenta cómo “les avisó” a los kirchneristas, intenta confiar en Macri, pide democracia con valores y se entusiasma con un impuesto a la herencia.
le grand termidor
Disipada la espesa bruma de la polarización populista, emergió el verdadero soberano de la república posmoderna: la caverna mediática. En el reino donde alguna vez se tocó el pito de la democratización, retumba hoy la matraca de Comodoro Py y una licuadora de periodistas precarizados se puso en marcha. Anatomía de la nueva bestia pop.
la comunidad desollada
A la vera de avenidas donde se publicitan la persecusión de los delitos y los gramos de droga incautados por minuto, la precariedad y el narcogobierno de los territorios delinean un nuevo modo de violencia hacia las mujeres jóvenes, envolvente e inasible al mismo tiempo. Entre el encierro que pretende protegerlas y las promesas que burbujean en los luminosos chats de Facebook, las pibas se pierden. Y luego vuelven, silenciosas.
